Sus superficies colectivas actúan como un espejo gigante que refleja la fuente de luz hacia arriba y/o abajo creando una imagen virtual. Conforme los cristales son alterados por la turbulencia, el ángulo de sus superficies se desvía unos grados de la orientación horizontal, creando un reflejo alargado, como una columna. Mientras los cristales son más grandes, el efecto se vuelve más pronunciado.
A diferencia de un haz de luz, un pilar de luz no esta ubicado físicamente sobre o por debajo de la fuente lumínica. Es difícil que se produzca éste bello fenómeno debido a las distintas condiciones que tienen que darse al mismo tiempo, e incluso aún se ignorar algunos de los aspectos que influyen en su formación.
Debido a que los cristales de hielo suspendidos en la atmosfera reflejan la luz de la fuente, los pilares llegan a tomar el color original de ésta, llegando a aparecer en tonos blancos, amarillos, azulados, rojos o púrpuras.
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